Pandemia y empresas: los nuevos espacios abiertos

Por: Reinaldo Terraza
Director del Centro de Transformación Digital MacondoLab – Unisimón
Especialista en Finanzas Empresariales
Asesor en Laboratorio Startup de APPS.CO – Región Caribe

 

Varios pensadores confluyen en decir ante foros internacionales que nada será igual después de la pandemia. Aunque esta tormenta no ha cesado, sí es evidente una reactivación general en el consumo y la producción agregada.

La proyección de que se aceleraría la fractura en la desigualdad económica es una realidad, pues los indicadores macroeconómicos son jalonados por los sectores y las empresas que han sabido asimilar el nuevo entorno, dejando así en el camino compañías que no entendieron la virtualidad, que no supieron leer los movimientos en la conducta y satisfacción de necesidades de los consumidores, y no se alinearon con los nuevos valores apreciados por su mercado.

Los emprendedores están llamados a ajustar su visión empresarial y no caer en una miopía crónica que les impida descubrir el sendero correcto, que conecta su idea de negocio con este nuevo ecosistema. En este espacio no me concentraré en desarrollar las oportunidades o senderos que se abren a los empresarios, como previamente les he denominado, sino los terrenos que habitan hoy a finales de 2021:

  • Un consumidor que valora más las experiencias de entretenimiento y consumo en casa, así como todos los medios que le faciliten interactuar con el exterior o direccionar operaciones que antes requerían salir de su hogar (salud, alimento, crédito, ahorro, inversión, etc.).
  • Una nueva cultura de trabajo basada en el home office o la alternabilidad.
  • Mayor conciencia sobre los temas sociales, ambientales y de buen gobierno.
  • Apertura a modelos 100% digitales, antes impensables, como banca, hospitalarios, colaborativos y conocimiento de las tecnologías de operaciones y almacenamiento en la nube, blockchain, 5G, internet de las cosas, entre otros.
  • Conciencia sobre las habilidades blandas y el desarrollo de conocimientos a través de modelos de formación flexible, autogestionados y a la medida.

Pero la pregunta nuda aquí es: ¿Están sólidamente fundamentados los empresarios que se preparan a surfear en estos nuevos mares? ¿Qué aspectos financieros deben tener en cuenta, en la fase de planeación de los siguientes pasos?

Planeación significa reunir la mayor cantidad de información posible de un nuevo mercado, grupo de clientes, unidad de negocio nueva, una estrategia comercial o un gasto planeado.

Acumular la mayor cantidad de conocimiento posible, conocimiento muchas veces gratis que brinda el mismo mercado es partir con pie derecho.

Simular a través de escenarios de sensibilización, afectando los principales elementos del proyecto (número de operaciones, fluctuaciones en los costos variables, monto de la inversión) nos permite crear un abanico de posibles puestas en escena y anticiparnos a necesidades de capital o implementación de drivers (alarmas) para toma de decisiones oportunas.

Una vez aclarado este crucial primer paso, el retorno de la inversión, la rentabilidad del proyecto y la generación de fondos oportunas son los elementos por planear. No siempre es necesario emplear modelos estadísticos complejos y sofisticados. Es más importante usar el buen juicio y tener fuentes confiables de información al calcular la rentabilidad proyectada y cuándo esos recursos se vuelven efectivo. Estos dos eventos no son lo mismo. Si el proyecto me genera una buena utilidad, pero el ingreso se va a dar en un plazo largo, no es tan favorable como un menor retorno, pero que se haga líquido con mayor frecuencia.

En la determinación del valor a invertir es claro, por una parte, fijar un presupuesto suficiente para la distribución del gasto o la inversión inicial. Y, por el otro lado de la moneda, establecer como se va a pagar esa inversión (cómo se va a financiar, es la manera más sofisticada de decirlo).

Las opciones tradicionales oscilan entre capital propio (los propios bolsillos), de familiares (bolsillos cercanos) y nuevos socios o terceros (bancos, prestamistas). Cada nivel de acreedor implica mayor costo y requerimientos, costo que debe ser siempre inferior a la tasa de retorno del proyecto.

Cada día son más comunes figuras como aliados tecnológicos, centros de crecimiento empresarial e innovación, ángeles inversores, aliados proveedores, fondos y convocatorias estatales como fuentes alternativas de recursos o capital intelectual.

Como inversionistas solo es necesario tener claro que mayor deuda significa menor libertad y mayor riesgo, definiendo este riesgo como la probabilidad de enfrentar obligaciones con entidades y personas cuyo objetivo es recuperar su dinero, afectando el patrimonio del inversionista. Y, aunque se defiende mucho la conveniencia de la deuda, inclusive con argumentos matemáticos, en mi caso considero que esta alternativa conviene solo cuando es imprescindible.

Dicho así, este compendio de recomendaciones facilitará a los empresarios digitales acompañados en el programa Laboratorio Startup de APPS.CO e iNNpulsa y al emprendedor remontar con los pies en la tierra.